sábado, 17 de octubre de 2015

Razones para escribir….

Razones para escribir….

Un costumbre a la que renunció y retomo… sin razón aparente, compartir con personas que nunca conoceré lo que voy sintiendo, viviendo, tormentos y anhelos, alegrías a veces… ilusiones otras, pero más que nada consuelo eterno: Sacar de mí, lo que en ocasiones preferiría no sentir…

Costumbre que empezó como lucha a la soledad, a fantasmas de mi mente delirante, pensamientos que me siguen… donde quiera que vaya, a veces los ignoro y otras – como hoy – permito que salgan un instante, exorcizando los demonios que habitan en mi alma gitana.

Emotividad explosiva oculta bajo capas de normas sociales, OH!! que no osen jamás salir a flote, escandalizaría a aquellos que no entienden: Que vivir sin sentir es dejar de vivir.

La soledad me acompaña esta noche, con música y recuerdos de un ayer no tan lejano, sentimientos siempre a flor de piel, han pasado un poco más de seis años desde que empecé a escribir al universo en busca de paz, relatos fantásticos y fantasías para sobrevivir cada día de mi vida, jugando a ser una princesa de un cuento encantado, sin corona ni reino, rodeada de monstruos que me atormentaban, figuras que se me asemejaban invencibles, tristezas y penas eran las constantes, me repetía a diario cuan fuerte era yo, a fuerza de constancia.. ME LO CREÍ!

Y me descubrí  atrapada en una vida - que aún ignoro si escogí o me escogió - con delirios absolutos, peleando contra molinos de viento, prejuicios, miedos y tormentos… poniendo cara a la vida, llorando debajo de la mesa, otras abrazada a mi sofá, escondida bajo las sábanas, dependiente y exigente, carente de amor y ternura, gritando enojada, cuán injusta era la vida,¿por qué me lastimaba así?

 Y no quedó otra opción que madurar, a mi pesar, contra mis deseos y mi naturaleza, era ser fuerte o morir… y aunque morí cada  vez que grite, cada vez que sentí rencor, cada vez que envidie, cada vez que no pude  concentrarme o escribir cosas que en mi mente estaban tan claras, con cada mirada fría y dura a mi tormentosa vida del momento, morí las veces que escribí… desolada  o cuando estuve sin luz o agua, cuando recibí una  bofetada de un extraño una calurosa noche .. y me di cuenta que frágil era mi situación,  o cuando sentí humillación, morí cuando deje que me toquen manos inescrupulosas, cuando perdí la calma, la ternura y la paz….  hasta que  un día, no sé cómo  ni cuándo, decidí que era tiempo de volver a nacer, de vivir.

Reuní un millón de pedazos míos que estaban esparcidos y viví otra vez, con las partes que me quedaron y las que surgieron luego de una travesía algo tumultuosa.

Sigo negándome a caer en el juego de la frialdad, sigo negándome a creer que el mundo es un enorme tablero de ajedrez, sigo insistiendo en hablar de frente, en el uso de la razón y la palabra como argumento, desvergonzada y carente de filtros aún pronunció palabras prohibidas para  este siglo en el que está de moda ser feliz…  brota de mi sin tapujo alguno: me dolió mucho, ante asombro de aquellos que creen que ser fuerte es negar el dolor, cuando yo creo exactamente lo contrario, porque primero debí hacerme fuerte para aceptar las cosas que me dolían y posiblemente siempre me dolerán, supongo que algunas partes mías jamás morirán.

Tuve varias muertes y resurrecciones en un sentido no tradicional, morí un poco cada vez que mi corazón se negó a sentir, atemorizado, escondido y doliente me preguntaba tímidamente: Que has hecho de tu vida?

Y me enoje conmigo, con los años perdidos, me torture y torture con relatos de un ayer colmado de angustia.

Y volví a nacer las veces que logre recuperar mis ganas de vivir, cuando salí debajo de la mesa, solté el sofá e intente creer… volví a nacer todas y cada una de las veces que reuní coraje, cuando  me hice fuerte en el dolor, sabia en la pena, paciente en el abandono, resistente en días de lluvia, frío, sol y viento.

Mire tantas veces al cielo reclamando:  Por qué no te bajas a darme un abrazo? Por qué me abandonaste? hasta que mi corazón entendió, que me ha regalado la vida, con todo lo que implica estar viva, vivir es un poco de todo esto, en ocasiones dolor, pena, desilusión pero también alegrías, esperanzas y sueños…


Así que una vez que logre reunir todos los pedazos que me sobraron, aquellos esparcidos  a lo largo de todos estos años, cuando finalmente me perdone y perdone a diario y aunque renuncie a muchas respuestas, hay dos preguntas que persisten en mi..

¿Si somos muchos lo que deseamos paz y amor en nuestras vidas, por qué a veces fingimos no ver la pena en los ojos ajenos?

¿Y si soy fuerte, por qué hay ocasiones en que aún deseo abrazar a mi sofá…?



No hay comentarios:

Publicar un comentario