Razones para
escribir….
Un costumbre a la que
renunció y retomo… sin razón aparente, compartir con personas que nunca conoceré
lo que voy sintiendo, viviendo, tormentos y anhelos, alegrías a veces…
ilusiones otras, pero más que nada consuelo eterno: Sacar de mí, lo que en
ocasiones preferiría no sentir…
Costumbre que empezó como
lucha a la soledad, a fantasmas de mi mente delirante, pensamientos que me siguen…
donde quiera que vaya, a veces los ignoro y otras – como hoy – permito que
salgan un instante, exorcizando los demonios que habitan en mi alma gitana.
Emotividad explosiva oculta bajo capas de normas sociales, OH!! que no osen jamás salir a flote, escandalizaría a aquellos que no entienden: Que vivir sin sentir
es dejar de vivir.
La soledad me acompaña
esta noche, con música y recuerdos de un ayer no tan lejano, sentimientos
siempre a flor de piel, han pasado un poco más de seis años desde que empecé a
escribir al universo en busca de paz, relatos fantásticos y fantasías para
sobrevivir cada día de mi vida, jugando a ser una princesa de un cuento
encantado, sin corona ni reino, rodeada de monstruos que me atormentaban,
figuras que se me asemejaban invencibles, tristezas y penas eran las
constantes, me repetía a diario cuan fuerte era yo, a fuerza de constancia.. ME LO CREÍ!
Y me descubrí atrapada en una vida - que aún ignoro si escogí
o me escogió - con delirios absolutos, peleando contra molinos de viento,
prejuicios, miedos y tormentos… poniendo cara a la vida, llorando debajo de la
mesa, otras abrazada a mi sofá, escondida bajo las sábanas, dependiente y
exigente, carente de amor y ternura, gritando enojada, cuán injusta era
la vida,¿por qué me lastimaba así?
Y no quedó otra opción que madurar, a mi pesar, contra mis deseos y mi naturaleza, era ser fuerte o morir… y aunque morí cada vez que grite, cada vez que sentí rencor, cada vez que envidie, cada vez que no pude concentrarme o escribir cosas que en mi mente estaban tan claras, con cada mirada fría y dura a mi tormentosa vida del momento, morí las veces que escribí… desolada o cuando estuve sin luz o agua, cuando recibí una bofetada de un extraño una calurosa noche .. y me di cuenta que frágil era mi situación, o cuando sentí humillación, morí cuando deje que me toquen manos inescrupulosas, cuando perdí la calma, la ternura y la paz…. hasta que un día, no sé cómo ni cuándo, decidí que era tiempo de volver a nacer, de vivir.
Y no quedó otra opción que madurar, a mi pesar, contra mis deseos y mi naturaleza, era ser fuerte o morir… y aunque morí cada vez que grite, cada vez que sentí rencor, cada vez que envidie, cada vez que no pude concentrarme o escribir cosas que en mi mente estaban tan claras, con cada mirada fría y dura a mi tormentosa vida del momento, morí las veces que escribí… desolada o cuando estuve sin luz o agua, cuando recibí una bofetada de un extraño una calurosa noche .. y me di cuenta que frágil era mi situación, o cuando sentí humillación, morí cuando deje que me toquen manos inescrupulosas, cuando perdí la calma, la ternura y la paz…. hasta que un día, no sé cómo ni cuándo, decidí que era tiempo de volver a nacer, de vivir.
Reuní un millón de
pedazos míos que estaban esparcidos y viví otra vez, con las partes que me
quedaron y las que surgieron luego de una travesía algo tumultuosa.
Sigo negándome a caer
en el juego de la frialdad, sigo negándome a creer que el mundo es un enorme
tablero de ajedrez, sigo insistiendo en hablar de frente, en el uso de la razón
y la palabra como argumento, desvergonzada y carente de filtros aún pronunció
palabras prohibidas para este siglo en
el que está de moda ser feliz… brota de
mi sin tapujo alguno: me dolió mucho, ante asombro de aquellos que creen que
ser fuerte es negar el dolor, cuando yo creo exactamente lo contrario, porque
primero debí hacerme fuerte para aceptar las cosas que me dolían y posiblemente
siempre me dolerán, supongo que algunas partes mías jamás morirán.
Tuve varias muertes y resurrecciones
en un sentido no tradicional, morí un poco cada vez que mi corazón se negó a
sentir, atemorizado, escondido y doliente me preguntaba tímidamente: Que has
hecho de tu vida?
Y me enoje conmigo, con los años perdidos, me torture y torture con relatos de un ayer colmado de angustia.
Y me enoje conmigo, con los años perdidos, me torture y torture con relatos de un ayer colmado de angustia.
Y volví a nacer las
veces que logre recuperar mis ganas de vivir, cuando salí debajo de la mesa, solté
el sofá e intente creer… volví a nacer todas y cada una de las veces que reuní
coraje, cuando me hice fuerte en el dolor, sabia en la pena, paciente en el
abandono, resistente en días de lluvia, frío, sol y viento.
Mire tantas veces al cielo reclamando: Por qué no te bajas a darme un abrazo? Por qué me
abandonaste? hasta que mi corazón entendió,
que me ha regalado la vida, con todo lo que implica estar viva, vivir es un poco
de todo esto, en ocasiones dolor, pena, desilusión pero también alegrías,
esperanzas y sueños…
Así que una vez que logre reunir todos los pedazos que me sobraron, aquellos esparcidos a lo largo de todos estos años, cuando finalmente me perdone y perdone a
diario y aunque renuncie a muchas respuestas, hay dos preguntas que persisten en mi..
¿Si somos muchos lo
que deseamos paz y amor en nuestras vidas, por qué a veces fingimos no ver la
pena en los ojos ajenos?
¿Y si soy fuerte, por
qué hay ocasiones en que aún deseo abrazar a mi sofá…?

No hay comentarios:
Publicar un comentario